La primera película que vi de Tarantino fue Pulp
Fiction y durante un tiempo pensé que su director era italiano. Tarantino
me sonaba a pizzero, a jugador de la Roma o a mafioso siciliano. Para nada me
imaginaba a un americano adicto al cine que lo había aprendido todo buceando
entre las estanterías de un videoclub.
Cuando se estrenó Los odiosos ocho en 2015, se hizo
viral algo en Twitter (ahora X): hacer un top con las, hasta ese
momento, ocho películas del director. ¿Tan importante era Tarantino como
para tener a todo el mundo discutiendo sobre su filmografía en internet?
¿Por qué todo el mundo a mi alrededor había visto toda su filmografía menos yo?
¿Tan bueno era todo lo que hacía?
Lo era.
Las vi todas en pocas semanas. El uTorrent iba loco. Netflix todavía no sabía ni lo que era (¿existía?). Y yo era un Jack Sparrow profesional. Las vi e hice un top. Luego las volví a ver e hice otro distinto. Y ahora, con la madurez de los años y un gusto más desarrollado (o eso me dicen), mi top es este:
1. Érase una vez en Hollywood
2. Pulp Fiction
3. Los odiosos 8
4. Malditos Bastardos
5. Kill Bill
6. Django
7. Reservoir dogs
8. Jackie Brown
9. Death Proof
Érase una vez en Hollywood se convirtió en mi película
favorita. Era una película sobre cine. Metacine, que dirían los pedantes. Y me
flipó. Entendí a Tarantino en su máxima expresión y me enamoré de
él. De quién era y de lo que buscaba transmitir con su filmografía. Pero con
esta obra maestra llegó también una muy mala noticia: su siguiente película
sería la última. “Con diez basta”, pensaba el astro del cine. Y casi siete
años después, aquí seguimos, mordiendo las uñas que ya no quedan, a la espera
del eclipse de uno de los directores más influyentes de las últimas décadas.
Durante años se especuló con que el broche final a su carrera
sería culminar la trilogía de Kill Bill. La historia giraría en
torno al ajuste de cuentas de Nikki Green, la hija de Vernita Green, asesinada
por Beatrix Kiddo (Uma Thurman) al comienzo de la saga. Sin embargo, el
proyecto nunca pasó de la fase de idea y, poco a poco, se fue diluyendo como el
humo del tubo de escape del Dodge Charger de Cliff Booth en Érase
una vez en… Hollywood.
Después se hablaba de otra idea totalmente distinta. Algo que
parecía seguir el estilo de su predecesora: una película sobre cine. En esta
ocasión no eran las desventuras de un actor y su doble, chófer y recadero por
Hollywood en los años 70, sino que iba a tratar sobre un crítico de cine. Un
crítico de cine que Tarantino había descubierto en una revista pornográfica y
que admiraba desde entonces. Algo así como si aquí Sorogoyen le dedicara una
película a Carlos Boyero.
Tarantino escribió el guion, habló con actores, Brad Pitt se
comprometió; pero Tarantino no estaba convencido de lo que quería. ¿Una
película sobre un crítico de cine? La idea era buena. Pero en el proceso de
preproducción la desechó. Y nadie sabe muy bien por qué. Simplemente no era LA PELÍCULA. Hubiese
sido una buena nueva película, pero parecía no estar a la altura de ser la
ÚLTIMA.
Fincher leyó el guion y le pareció tan bueno que le pidió
permiso al italiano (americano, perdón) para utilizar al personaje de Cliff
Booth, que también aparecía en esta peli, para realizar él su propia película.
Y el bueno de Quentin, que debía andar ya bastante desencantado con el
proyecto, le dio el visto bueno al director de Seven.
Y a mí, que ni lo conozco ni tendré el placer, me da la
sensación de que a Tarantino ya se la pelaba The Movie Critic, Cliff
Booth y el trabajo de tres años en torno a esa idea. No era LA IDEA. ¿Cuál
era? Esto es como cuando el amigo millonario te deja la chaqueta The North
Face y se olvida de pedírtela de vuelta porque tiene otras tantas mejores.
Qué difícil es acabar una carrera con un broche final a la
altura. Tarantino tiene la buena o mala suerte de que la vida no le ha
llevado por delante antes (que se lo digan a Kubrick y su proyecto
inconcluso de Eyes Wide Shut) y puede decidir cuál y cuándo será
esa última guinda del pastel. Nadie en la repostería le mete prisa.
Y yo, que ni lo conozco ni tendré el placer aunque me
encantaría, le hablaría como a un amigo y le diría: Quentin, no te metas en
líos. Haz cine hasta que te mueras. Sigue superándote. Y que la muerte te pille
bailando.
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