De Johnny Boy a Hoteles Nobu: el viaje de Robert De Niro

 


Descubrí que Robert De Niro era multimillonario y propietario de una cadena de hoteles cuando se divorció de Grace Hightower en 2021. Hasta ese momento pensaba que sobrevivía atracando bancos, ajustando cuentas para la mafia y conduciendo taxis nocturnos por Nueva York. Así de convincente había sido durante medio siglo.

Ahora es portada de muchas revistas por abrir un nuevo hotel de lujo en el centro de Madrid, coincidiendo con la llegada de la Fórmula 1 a la capital de España. Su cadena se llama Nobu; sus socios son el chef japonés que le da nombre y el productor Meir Teper, conocido por películas como Abierto hasta el amanecer o Locos en Alabama, el debut de Antonio Banderas como director.

Con Teper, De Niro ha compartido créditos en un par de películas. Una de ellas es Righteous Kill (2008), que siempre será recordada por volverlo a reunir en pantalla con el otro coloso de su generación: Al Pacino. El listón, sin embargo, estaba en las nubes después de obras eternas como El Padrino II y Heat. Las comparaciones son odiosas. Y así, la película acabó enterrada bajo montañas de VHS y DVD, quizá recordada únicamente por alguna cadena de nicho en uno de esos regalos estimulantemente nostálgicos que a veces nos sorprenden mientras hacemos zapping.

Evidentemente, no fue junto a Teper con quien amasó la fortuna que hoy le permite tener hoteles repartidos por todo el mundo, incluidos cuatro dentro de las fronteras españolas: Ibiza, San Sebastián, Marbella y Barcelona.

Fue mucho antes. Fue con Johnny Boy en Malas calles (1973), cuando Hollywood descubrió una energía diferente. Un talento capaz de llenar la pantalla y secuestrar todas las miradas. Sobre el papel era un personaje secundario. En la práctica, acabó devorando cada escena que compartía con Harvey Keitel, convirtiéndose en el gran hallazgo de la película y en una de las estrellas emergentes de su generación.

Después, el resto es historia: el calculador Vito Corleone; el imprevisible Travis Bickle; las secuelas de Vietnam en El cazador; la furia desatada en el biopic Toro salvaje; su sarcasmo inquietante en El rey de la comedia (revisitado décadas después por la aclamada Joker); sus magistrales papeles como gánster en Érase una vez en América, Los intocables de Eliot Ness y Uno de los nuestros...

El padre currante, duro y honesto que borda como secundario de lujo en Una historia del Bronx; el atracador de bancos más sofisticado y combativo de la historia en Heat junto al inolvidable Val Kilmer y el mítico Tom Sizemore; especial mención a su papel como cura en Sleepers, un sacerdote con más calle que un columpio y más verdad que muchos beatos fieles de misa de domingo; me encantó en la carismática Copland, donde Stallone demuestra que es mucho más que un héroe de acción y Liotta vuelve a hacer lo que mejor se le da: ser odioso y prepotente; y ojalá poder olvidar que un día trabajó con Tarantino y coprotagonizó Jackie Brown, porque la considero la mayor oportunidad perdida de la carrera de ambos para hacer algo histórico.

Películas, películas y más películas. Uno de los más prolíficos. Y cuando haces tanto, y además superas los 80 años, llegan las comedias baratas y los papeles prescindibles. Pero nunca por falta de talento. El irlandés o The Alto Knights, donde interpreta a los dos protagonistas, corroboran que nunca se le olvidó hacer lo que mejor ha sabido hacer.

Por cierto, y si algún día les sobra el dinero, una noche en uno de sus hoteles Nobu puede costar más que mi primer Ford Fiesta de segunda mano.

Aunque bueno, todo esto no deja de ser una excusa para darle la bienvenida a Madrid y para recordar la carrera del más grande. Ahora está de moda eso de llamarlo GOAT, pero De Niro ya era el GOAT mucho antes de que el término fuese inventado.

 


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